El hombre había colocado una silla frente a él para usarla como escritorio improvisado, con su laptop abierta y trabajando en ella. Las mangas de su camisa estaban ligeramente enrolladas, mostrando sus fuertes brazos.
El suave carraspeo de Valeria atrajo la atención de Mauricio.
Levantó la mirada y al ver que Valeria había despertado y lo miraba algo aturdida, detuvo su trabajo y cerró la laptop.
—¿Quieres agua? —preguntó.
Valeria ni asintió ni negó; simplemente subió la cobija cubriéndose más y