—Sí, yo también descubrí sus bondades después de casarme con Mau —la sonrisa en el rostro de Valeria se volvía cada vez más dulce.
Ella colocó la lubina, ya sin espinas, en el tazón de Mauricio: —Mau, sé que te encanta la lubina, dime qué te parece cómo me ha salido.
Las charlas entre las tres mujeres parecían normales, pero Mauricio podía percibir una atmósfera tensa, como si pudiera ver las intenciones ocultas y el deseo de venganza detrás de la dulce sonrisa de Valeria.
Por primera vez, Mauri