Capítulo 52

El blanco era el color de la inocencia, decían. O el color de la rendición.

Para mí, hoy era el color del luto de mis enemigos.

Entré en la sala de juntas principal del Grupo Castillo vistiendo un traje sastre de Alexander McQueen blanco impoluto.

La chaqueta entallada marcaba mi cintura, y los pantalones de corte recto caían sobre unos Louboutin de aguja que resonaban como martillazos en el suelo de mármol.

Doce hombres de traje gris y negro se giraron para mirarme.

Vi el escepticismo en sus o
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