Siento una mano sobre mi hombro y me sobresalto en el acto. Me giro y mi mirada recae sobre el hombre de los ojos más hermosos que haya visto en toda mi vida.
—Kansas —susurro; y sin tan siquiera pensarlo, me lanzo a sus brazos.
Él me recibe y me aprieta fuerte contra su cuerpo mientras que lo único que yo atino a hacer es llorar. Me quedo aferrada por un buen rato con mi cabeza sobre su pecho, al tiempo en que sus manos acarician mi espalda y mis cabellos.
—Ya no sé qué hacer. Te juro que ya n