—No bromeaste cuando dijiste que quedaba muy muy lejos…
—No… —responde sereno al mirarme y acariciar mi rostro con suavidad
—Eres muy lindo, Kansas…
—Gracias por el cumplido —sonríe.
—No lo digo por lo sumamente atractivo que eres —enfatizo; y él ríe ligeramente—, sino porque eres… un pretendiente muy dulce y caballeroso, Kansas
—Pretendiente… me gusta esa palabra
—Y a mí
—¿Te puedo dar un beso?
—Todos los que quieras, Kansas White —susurro; y sin perder más tiempo, comenzamos a besarnos de man