El vestíbulo del hotel en Miami resplandecía bajo la luz de arañas de cristal, el murmullo de las conversaciones mezclado con el tintineo de copas y el aroma a jazmín que flotaba desde los jardines cercanos. Diego estaba sentado en un rincón del bar, su mirada perdida en el vaso de bourbon que sostenía, el líquido ámbar reflejando la tormenta que rugía en su interior. La imagen de Valeria, su voz quebrada en el bar de La Brisa, aún quemaba en su mente, un deseo que lo consumía como brasas bajo