Capítulo 34.2: Los machos son unos bebés.
Al ver el auto deslizándose entre los árboles como un demonio motorizado, el antiguo consejero soltó un suspiro aliviado al percibir quiénes iban en su rescate.
―Son Anna y los chicos de Dante ―
Esperanzado, Alastor levantó la cabeza. No tuvo que esperar mucho para ver como una camioneta todo terreno derrapaba cerca de ellos, levantando polvo y hojas a su paso, y sin si quiera darle tiempo al conductor de frenar, la puerta trasera se abrió.
― ¡Rápido! ¡Suban! ―exigió una semi transformada Anna