El viento soplaba gentilmente, colándose por la ventana abierta de aquel costoso coche logrando acariciar su rostro. Las nubes se movían a la par de este, como en una danza sin final que lograba hechizarla. Sus encendidas mejillas dejaban ver los rastros de una creciente vergüenza, una que, le había nacido después de que Anthony alabara su belleza.
“Te ves hermosa”
Aquellas tres tan simples palabras que le dijo luego de recogerla de la universidad, habían sido suficiente para hacerla enrojecer