Aquella era una noche especial, la luz de la luna alumbraba los bellos jardines de la mansión Crawford, y Rhaena admiraba el esplendido paisaje nocturno. Se sentía extraña…casi amada. Había pasado la tardeen aquel florido campo de flores, con las vetustas arboladas como mudos testigos de aquella pasión que ella y Anthony se habían demostrado sin temor a ser vistos en sus trajes de Adán y Eva en aquellos campos.
Sintiendo como los fuertes brazos de su falso esposo la abrazaban por la espalda, Rh