La cena, y aquella velada que a momentos rayaba entre la severa incomodidad y alguno que otro e la charla apropiada, había terminado finalmente, dejando a la pareja recién casada con una sensación que les era difícil de describir; por un lado, ambos sabían que aquello podía haber sido mucho peor, y por el otro, Rhaena había sido medianamente aprobada por el severo padre que, quizás amainado por las palabras de su esposa, había sido menor severo y punitivo de lo que Anthony esperó.
Las luces de