Juegos de poder.
Narrador-Omnisciente.
El despacho del abuelo Kingsley conservaba ese olor a madera antigua y libros viejos que siempre le había resultado imponente a Adrian. Era un espacio sobrio, con ventanales amplios y una luz tenue que entraba filtrada por las cortinas gruesas. Allí, nada se decía a la ligera.
El abuelo estaba sentado detrás del escritorio, hojeando unos documentos con calma quirúrgica. No levantó la vista de inmediato.
—¿Ya respondió? —preguntó finalmente, con voz grave, sin rodeos.
Adria