Capítulo 3

Kim Yeonhwa

El olor de la sopa de tofu recién hecha, el arroz y el kimchi invade la cafetería entera, y el murmullo de la gente hablando entre ellos resuena en todo el lugar.

Yuna y yo nos encontramos paradas con nuestra bandeja en la mano, buscando una mesa libre en donde sentarnos para comer.

—Ya encontré una mesa vacía, sígueme —indica Yuna. Ella empieza a caminar de inmediato y yo le sigo el paso, pero me detengo cuando Joon aparece frente a mí.

Joon me sonríe con una cálida sonrisa mientras me mira fijamente a los ojos, pero yo en lo único que puedo pensar es en las palabras de él y de mi suegra. En cómo me llamaron «ogro», «tanque de guerra» y «Yeonhwa es la mejor chica con la que puedo estar por ahora». Esas palabras resuenan en mi mente, provocando en mí un sentimiento de tristeza profunda, como el primer día que lo escuché hablando de mí.

Mi novio abre la boca para hablar, pero no dejo que pronuncie ninguna palabra, porque le paso por el lado y sigo caminando como si nada.

Al llegar a la mesa que eligió Yuna, nos sentamos. La luz del sol entra por la ventana, iluminando con luz natural esta pequeña parte de la cafetería.

Cojo mis palillos y tomo un poco de kimchi, pero, cuando me lo voy a llevar a la boca, me detengo, lo pongo nuevamente en su lugar y empiezo a jugar con ellos.

—¿Por qué no comes? —me pregunta Yuna. Ella le da un sorbo a su sopa de tofu.

—No quiero comer, no quiero estar así toda mi vida —hablo sin ganas y me señalo a mí misma.

—¿Ya hiciste el grupo de la exposición de Sociales?

—Sí, solo me falta agregar a Tae-yang. Oh, míralo allá. Voy a aprovechar para pedirle el número y agregarlo —veo a Tae-yang sentarse solo en una mesa que queda cerca de nosotros.

—No, yo lo hago —Yuna no me da ni tiempo a responderle cuando se levanta con su bandeja de comida en la mano y me da la espalda. Veo cómo se acerca al chico nuevo y se sienta a su lado. Hablan un poco y luego le pasa el celular a Tae-yang, pero, a pesar de que consigue su número, mi amiga le sigue buscando conversación.

Dejo de mirar a Tae-yang y a Yuna cuando veo a Joon, que se acerca poco a poco, y siento cómo la tormenta que se había apaciguado dentro de mí al olvidar por un momento lo sucedido vuelve a resurgir.

Ya cuando está frente a mí, pone su bandeja de comida encima de la mesa y se sienta a mi lado.

Joon agarra mi cuchara y coje una cucharada de mi sopa de tofu.

—Abre la boca, ahh —me sostiene la barbilla con su mano libre.

Agarro su mano, que sostiene mi barbilla, y ligeramente la retiro de mi rostro. Desvío la mirada y me quedo mirando fijamente hacia la nada.

—Cuando me encontré contigo, me evitaste y ahora rechazas la comida que te quiero dar con mucho amor. ¿Por qué me tratas así? ¿Qué te he hecho?

Volteo a mirarlo.

—Lo siento, te quiero mucho, sabes que nunca haría nada para dañarte, pero… —no termino de hablar.

—¿Pero qué?

—Escuché lo que tú y tu madre hablaban, pero lo que más me dolió fue lo que tú dijiste: «Yeonhwa es la mejor chica con la que puedo estar por ahora» —mis ojos se empiezan a humedecer —. ¿Acaso no me amas como yo pensaba? ¿O solo soy una opción que está contigo porque no has conseguido una de esas chicas bonitas con cuerpo de modelo? —las lágrimas empiezan a bajar como mares por mis mejillas.

—Yeonhwa, no eres bonita y tampoco tienes el mejor cuerpo, pero, aun así, con tus defectos, te amo y no deberías dudar de mi amor por ti —Joon me limpia las lágrimas con su mano.

—Pero lo dijiste, y lo que dice la boca lo siente el corazón.

—Lo dije —admite Joon —,pero no fue en serio. Solo dije eso porque mi madre me estaba presionando.

Esas palabras son como una anestesia para el dolor que siente mi corazón, porque inmediatamente se va todo lo que estoy sintiendo al escuchar sus palabras sinceras.

—Lo siento, soy una tonta por pensar eso de ti. ¿Me perdonas?

—Te perdono, pero nunca dudes de mi amor hacia ti.

Lo abrazo y él me envuelve entre sus brazos.

—Nunca voy a dudar de ti, te lo prometo.

Nos separamos uno del otro y, durante los veinte minutos que nos quedan para el almuerzo, mientras comemos, hablamos de todo y reímos sin parar.

El timbre que avisa que ya terminó la hora del receso resuena en todo el lugar.

Nos levantamos con nuestra bandeja en la mano y caminamos hacia la estación de devolución, en el fondo de la cafetería. Hacemos una fila y, al llegar nuestro turno, echamos el resto de la comida que sobró en un cubo metálico de desechos, dejamos la cuchara y los palillos en un recipiente aparte y colocamos la charola encima de las demás de metal.

Salimos de la cafetería y subimos los escalones. Al llegar al tercer piso, seguimos por el pasillo y, cuando ya estamos al frente de mi salón, él me jala de la mano y me arrincona contra la pared. Siento cómo mi corazón se acelera mientras nos miramos fijamente a los ojos. Joon mira de un lado hacia otro para asegurarse de que no viene nadie y me da un rápido beso que no dura ni un minuto, pero provoca en mí una emoción tan grande como si fuera un millón de fuegos artificiales dentro de mí.

—Tenía muchas ganas de besarte. Qué pena que estamos en un lugar público, porque, si no lo estuviéramos, te habría comido la boca a besos —dice Joon con una sonrisa dibujada en sus labios. Él se aleja de mí y entra a su salón que queda después del mío.

Me quedo por un rato asimilando lo que ha pasado, con una gran sonrisa de esquina a esquina dibujada en mi rostro. Entro a mi salón, giro hacia la izquierda y me siento en mi lugar.

El curso se va llenando poco a poco y, cuando veo que Yuna entra con Tae-yang, charlando muy a gusto, los dos se despiden y cada uno se va a su asiento. Pero, al acercarse, noto un brillo diferente en sus ojos y que sonríe más de lo normal.

Me inclino un poco hacia donde está Yuna.

—¿Te dio el número?

—Obvio, no lo pensó ni dos veces. Seguro hasta me invitará a salir, estoy segura de que le caí súper bien. Aparte de que soy bonita, tengo una personalidad increíble.

—Creo que tú quedaste más enamorada que él —comento y se me escapa una pequeña risita.

—No creo. Siempre son ellos quienes se enamoran primero de mí. Aunque no me hablen primero, yo sé que están enamorados de mí.

—No olvides agregar el número al grupo y avisa que haremos una videollamada para planificar la exposición de Sociales —le recuerdo.

—Eso voy a hacer —Yuna saca su celular de la mochila.

***

Al terminar la clase, nos despachan de la escuela. Durante el transcurso del camino hacia mi casa, que recorro todos los días, siento cómo los fuertes rayos del sol golpean mi piel.

Al llegar a mi casa, empujo el portón, que se encuentra sin el pestillo puesto, y lo cierro al entrar, poniéndole el seguro. Subo los tres pequeños escalones. Al estar frente a la puerta, saco la llave, la introduzco en la cerradura y giro para entrar. Cierro a mis espaldas y me quito uno por uno los zapatos.

—Ya llegué —digo en voz alta.

Mi madre sale de la cocina con unos guantes en las manos.

—Yeonhwa, recibiste un pedido —me avisa mi madre.

—Sí, ya llegó —hablo para mí misma, emocionada—. ¿Dónde estás?

—Lo dejé en tu habitación. ¿Qué es?

—Son unas vitaminas para la piel —le miento.

—Esa marca de vitaminas nunca la había visto antes. ¿Son seguras?

—Sí, lo son. Todo el mundo en mi salón las toma —le paso por el lado.

—Está bien —escucho que dice mi madre a mi espalda cuando yo subo los escalones.

Al llegar al segundo piso, camino por el pasillo y me detengo frente a la puerta de mi habitación. La abro de inmediato y la cierro en cuanto entro. Busco con la mirada mi paquete y mis ojos se detienen en un frasco grande de color blanco que descansa sobre la mesita de noche. Emocionada, casi corriendo, me acerco y lo tomo entre mis manos. Sin pensarlo dos veces, lo destapo, saco una pastilla verde, me la pongo en la boca y la trago.

Después de tomar la pastilla, me dirijo hacia mi armario y lo abro. Saco ropa limpia y camino hacia el baño.

Una vez dentro, cierro la puerta y dejo la ropa sobre un pequeño estante. Me quito el uniforme y lo doblo antes de entrar en la ducha. Al abrir el grifo, el agua comienza a caer suavemente por mi cuerpo.

Me baño con tranquilidad, disfrutando de cómo el agua refresca mi piel después de un largo día. Cuando termino, me seco con una toalla y me pongo ropa cómoda.

Antes de salir, me acerco al lavabo para hacer mi rutina de cuidado de la piel. Aplico tónico y después una crema hidratante. Cuando termino, regreso a mi habitación, me siento frente al escritorio y abro la laptop. La pantalla se ilumina de inmediato.

Tras iniciar sesión, busco el grupo de la exposición de Sociales y pulso el botón de videollamada. Todos se van uniendo poco a poco: primero Yuna, después Tae-yang y, por último, Hana.

Nos saludamos todos entre sí.

—Vamos a lo que vinimos —suelta Tae-yang.

—Yo estaba investigando un poco de México y podemos hablar sobre su geografía y datos generales, historia, cultura y tradiciones, economía y turismo —propone Hana.

—Cierto, esos temas podemos decidirlos. Hana, geografía y datos generales; Yuna, historia; Tae-yang, cultura y tradiciones; y yo, economía y turismo —respondo.

—Yo siento que planificar la exposición por videollamada va a provocar que nos salga un desastre. Mejor juntémonos para planificar este tema bien —sugiere Yuna.

—Como este tema no es tan complicado, yo opino que no es necesario que nos juntemos para eso, porque también podemos hacerlo de forma virtual, como lo estamos haciendo, y nos saldrá bien —comenta Tae-yang.

—Yo opino lo mismo y, si nos sale mal, es porque uno de nosotros no investigó bien el tema que le toca —añade Hana.

—Mejor sigamos así, Yuna, porque no creo que sea necesario juntarnos para que nos salga bien —digo.

Yuna pone los ojos en blanco y coge su celular. Noto cómo escribe algo con rabia por la forma en que mueve los dedos al teclear en el celular.

Mi celular vibra y lo cojo de inmediato. Al encenderlo, veo un mensaje.

Yuna, my best friend:

¿Eres mi amiga o mi enemiga? Yo trato de acercarme más a Tae-yang, pero tú y Hana me están arruinando el plan.

Levanto la vista de mi celular y miro hacia la laptop, en el cuadrito donde se encuentra Yuna, mirándome con los ojos entrecerrados, mientras yo formo una sonrisa nerviosa con mis labios. Vuelvo la vista hacia mi celular y empiezo a escribir rápido.

Yeonhwa:

Lo siento, no sabía. Te ayudaré

—Para la guía expositiva, cada uno lo hace aparte con el tema que nos tocó y después lo ponemos juntos con… —Tae-yang está hablando, pero yo lo interrumpo.

—Ahora que lo pienso mejor, creo que deberíamos juntarnos, porque de esa manera nos coordinamos bien y lo hacemos mejor —sugiero.

—No, lo mismo que vamos a hacer en persona lo podemos hacer de forma virtual —Hana suelta una suspiro de cansancio al terminar de hablar.

—Están exagerando como si fuera un trabajo complicado —se queja Tae-yang.

—Solo quiero que salga bien —protesta Yuna y hace un puchero.

—Yo tengo una idea: vamos a utilizar una ruleta para que decida por nosotros —propongo.

—Está bien, para ver si ya salimos de esta indecisión que, por cierto, no es necesaria —responde Tae-yang y en el tono de su voz se nota la molestia.

—Cierto —dice Hana.

Al coger mi celular para buscar la aplicación de la ruleta, me llega un mensaje.

Yuna my best friend:

Haz trampa si es necesario.

Yeonhwa:

Lo sé, no es necesario que me digas.

Busco la ruleta y escribo «A: virtual, B: presencial». Presiono donde dice «Empezar» y de inmediato empieza a girar, pero se detiene en la A, así que le doy de nuevo disimuladamente para que empiece otra vez y, cuando se detiene, sale la B.

—Será presencial —pongo mi celular frente a la cámara de la laptop para que vean cuál nos ha tocado.

Noto cómo Tae-yang frunce el ceño y arruga la nariz con disgusto, mientras que Hana pone los ojos en blanco y Yuna tiene una sonrisa de esquina a esquina.

—Juntémonos mañana en mi casa. Yo les mandaré la ubicación a los que no saben —se apresura a decir Yuna, sin que nadie le pregunte, y nuestros compañeros solo asienten sin ganas.

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