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Kim Yeonhwa
Empujo levemente la puerta de la cafetería y entro. La chica que se encuentra detrás del mostrador, con un delantal verde, de inmediato deja de usar su celular y se centra en mí. —Quiero un jugo de naranja —le pido. Ella abre el refrigerador y saca uno de los galones de jugo. Lo mueve de arriba abajo para que no se asiente. Lo destapa y vierte el jugo en un vaso blanco de plástico. —Son 1500 won —dice la chica mientras extiende su brazo para pasarme el jugo. Yo lo cojo y, con la otra mano, le paso el dinero. Al darme la vuelta, tropiezo con alguien y la mitad del jugo se derrama encima de la camisa de la persona que tengo enfrente. —Lo siento, lo siento, lo siento —intento limpiarlo con la mano, pero es inútil. —¡No me toque! —me agarra el brazo fuertemente y lo tira hacia un lado como si fuera nada. Yo levanto la mirada con los ojos bien abiertos y me percato de la persona que tengo enfrente. Es Gunwoo, un chico que está en mi salón, mayormente conocido por tener mala fama y ser un bully. —Mira lo que hiciste, maldita gorda —exclama, señalando su camiseta—. Deberías fijarte por dónde vas. Yo bajo la vista hacia el piso y aprieto la mandíbula con fuerza. —¿Me estás escuchando, gorda de m****a? —Con un dedo, golpea mi frente una y otra vez. Mis ojos se van humedeciendo y siento cómo la sangre me hierve por dentro poco a poco. —Ya es suficiente —escucho que dice alguien con un tono autoritario. Levanto la vista y me encuentro con un chico que nunca había visto antes. Es alto, de hombros anchos, con el cabello que le llega hasta el cuello y rasgos faciales tan masculinos como femeninos, con una belleza andrógina. Él le sostiene la muñeca a Gunwoo mientras le mantiene una mirada firme directamente a los ojos. —Esto no es un ring. Si van a pelear, háganlo afuera —advierte la chica de la cafetería. Gunwoo jala su brazo con fuerza y logra soltarse del agarre del desconocido. Él pasa por mi lado y me empuja el hombro con el suyo. —Un sándwich de queso y un jugo de fresa —escucho que pide Gunwoo a mis espaldas. —Gracias —le agradezco al desconocido con un tono de voz apenas audible. Me acerco hacia la puerta, la abro y salgo de la cafetería. Cruzo la calle, que se encuentra completamente despejada de autos, excepto por los estudiantes que están llegando. Me introduzco en la secundaria pasando por el portón y después caminando hacia los grandes edificios de mi escuela. Entro y me dirijo hacia mi salón, que se encuentra en la tercera planta del edificio. Cuando estoy frente a mi salón, agarro el picaporte, ruedo la puerta corrediza y entro. —Buenos días, profesor —hago una pequeña reverencia al ver al profesor que está parado frente a su escritorio leyendo un libro. —Buenos días, Yeonhwa —responde el profesor. Yo doblo a la izquierda y, antes de sentarme en mi asiento, que se encuentra en el medio de la primera fila, me detengo y pongo el jugo en la mesa de Yuna, mi mejor amiga. Ella deja de usar su celular y, cuando coge el jugo y ve que le falta la mitad, levanta la cabeza con el ceño fruncido. —Lo siento, choqué con Gunwoo por accidente —le digo. —Eres una idiota, ni eso puedes hacer bien —dice Yuna con un tono molesto. —Lo siento. Yuna pone los ojos en blanco. Le da un trago a su bebida y retoma su celular. «Ella tiene razón, yo soy una inútil», pienso y me siento en mi lugar. El curso se va llenando poco a poco y, cuando Gunwoo entra, me mira con una mirada que refleja odio. Yo bajo la vista de inmediato. —Ya dejen todo lo que están haciendo y concéntrense en mí —ordena el profesor, y de inmediato mis compañeros lo obedecen—. Como ustedes ya saben, nos quedamos en la página ciento treinta del libro… Hablaba el profesor, pero es interrumpido por alguien que entra y, de inmediato, se escucha el murmullo de las chicas: «¡Qué guapo!» «¡Es muy lindo!» Lo reconozco de inmediato. Es el chico que me defendió en la cafetería. Él no pronuncia ni una sola palabra, pero le hace una leve reverencia al profesor. —Ya estás empezando mal, chico nuevo. A mí me encanta la puntualidad, ya sabes que tienes que venir temprano. —Lo siento, profesor. No lo volveré a hacer. —Ven, preséntate a tus compañeros —le dice el profesor. Mi nuevo compañero camina hacia donde se encuentra el profesor y se para enfrente de todos nosotros. —Hola, soy Yoon Tae-yang. Espero caerles bien, aunque ya estoy seguro de que les caeré bien a todos —él guiña un ojo y a algunas chicas de mi salón se les escapa un pequeño grito. —Gracias por presentarte. Te puedes sentar ahí —señala el profesor, y Tae-yang camina hacia la última fila, al lado de la ventana, donde se encuentra un lugar vacío al frente, y él se sienta. *** El murmullo de las personas hablando entre sí y el sonido de las bandejas metálicas chocando unas con otras llenan el ambiente. Y el olor a comida recién hecha permanece en el aire. —Qué guapo es —murmura Yuna al morderse el labio inferior y se queda mirando fijamente hacia un lugar. Yo miro hacia la dirección donde ella está mirando y me encuentro con Tae-yang, que se encuentra comiendo solo. Todas las chicas que pasan por el lado del chico nuevo se quedan mirándolo y murmurándole a la amiga que tienen al lado, pero no solo las mujeres, hasta los hombres se quedan mirándolo fijamente, como si fuera una escultura que hay que admirar. —Cierto, es guapo —admito. Vuelvo la vista a mi bandeja de comida, tomo una cucharada de arroz y me la meto en la boca. —¿Tendrá novia? Ay, qué me importa. Él será mío —afirma Yuna con mucha seguridad. —Tendrás competencia —le comento. —Yeonhwa, mírame a mí y mira a todas estas chicas —señala a su alrededor con el dedo índice—. Ninguna de ellas me supera. Yo asiento. Cojo un poco de kimchi con los palillos y me lo meto en la boca. Mientras mastico, le sonrío con la boca cerrada. Yuna coge una zanahoria de su bandeja y le arranca un pedazo de un mordisco con rabia. —Mira a esas perras, creen que me lo van a robar —refunfuña Yuna, molesta. Yo volteo y veo a dos chicas muy sonrientes dándole un papel al chico nuevo. Él solo sonríe y les dice algo que no logro escuchar porque está muy lejos. Las chicas no parecen irse decepcionadas, porque se van y se quedan hablando entre ellas, muy felices, con una sonrisa de esquina a esquina. Me vuelvo hacia el frente. —No te preocupes, eres mil veces más linda que ellas. Ella levanta el mentón y una sonrisa de boca cerrada se dibuja en sus labios. —Tienes razón. Yuna agarra un jugo y extiende el brazo para que lo coja. —Llévaselo y dile de mi parte: «Feliz primer día de clases». Y no se te olvide mencionar que se lo mando yo. —Se lo llevo después —tomo el jugo. —No, hazlo ahora. —Pero estoy comiendo. —Está bien, yo lo hago —extiende la mano abierta para que le dé el jugo—. Pensaba que las amigas se apoyaban en todo. Siento una punzada en el corazón al escuchar sus palabras. —No, yo lo hago —digo y me levanto de inmediato. Noto cómo una chispa de satisfacción brilla en sus ojos, algo que trata de ocultar con una expresión neutral. Me doy la vuelta y atravieso toda la cafetería, hasta que llego hacia donde está Tae-yang. —Hola —lo saludo. Él levanta la vista de su bandeja de comida. —Hola, eres tú de nuevo —la comisura de sus labios se eleva con sinceridad. —Vine a traerte esto —le muestro el jugo—. Te lo man… —no puedo terminar de hablar porque me interrumpieron. Joon, mi novio, aparece de repente y me arrebata el jugo de la mano con brusquedad. Yo abro un poco más los ojos de lo normal porque no me esperaba lo que acaba de hacer, mientras él me mira con los ojos entrecerrados. Joon tiene problemas en la piel y por eso siempre tiene las mejillas y la frente sonrojadas, pero esta vez su sonrojo es más intenso, tanto que parece una bomba que va a estallar, y no creo que sea por su problema en la piel. —¿En serio? —suelta una carcajada de frustración y se pasa la mano libre por el pelo—. Yo pensaba que eras diferente. Por eso te di la oportunidad de estar conmigo, aunque eres gorda y fea, pero ahora veo que eres igual que las otras chicas, esperando que el novio dé la espalda para ponerse coquetas con otro. Yo miro a mi alrededor y me percato de toda la gente que nos mira como si fuéramos un espectáculo. Y eso provoca en mí una vergüenza intensa. —Joon, no es lo que crees —aclaro despacio. —No quiero tus mentiras baratas —Joon estampa el jugo con fuerza sobre la mesa, tan fuerte que resuena en toda la cafetería. —Déjame explicarte, no… —No, no quiero escucharte —Joon me da la espalda y se aleja de mí. Joon sale de la cafetería y yo lo sigo a pasos rápidos. Cuando lo alcanzo, lo agarro de la mano y lo volteo de un jalón hacia mí. —Yuna fue quien le mandó ese jugo —hablo en voz alta. Al escuchar lo que acabo de decir, noto cómo su pecho agitado baja con tranquilidad y su expresión se suaviza. Joon me jala del brazo que lo sostengo y me envuelve entre sus brazos. Él posa su cabeza encima de mi coronilla. —Lo siento, pero tú también tuviste la culpa de que actuara así, porque aunque Yuna haya mandado el jugo, no tienes que darle nada a nadie —dice Joon con voz calmada. —Tienes razón, lo siento.






