La luz del alba rodeaba el vasto territorio de Kogan, mientras la brisa cantaba suavemente a través de la silenciosa madriguera. Jamás, en milenios de existencia licántropa, un lobo había aullado tantas veces de dolor.
La aflicción del alfa se extendía como una sombra sobre cada miembro de la manada. Elena y Lynn, una al lado de la otra, tenían las ropas y partes del rostro manchadas de sangre. Hiro, cercano a ellas, les ofreció algo de beber y comer, consciente de que nadie había pensado en ali