Después de unas horas, Rax le devolvió el control a Kogan. Él observó a su pareja, que miraba tranquilamente por la ventana. Trató de leer sus pensamientos, pero por más que lo intentó, no pudo hacerlo. No entendía cómo ella podía bloquear su vínculo. Aunque ya no percibía su enojo, no hacía falta adivinar para saber que el deseo de marcharse seguía latente en su mente. Sabía que ahora no intentaría escapar, porque su marca le causaría un dolor insoportable si lo hacía.
En varias ocasiones, Cris