Sus manos recorren toda mi espalda con caricias atrevidas mientras su lengua comienza a hurgar en lo más profundo de mi boca y cedo a todo, porque lo deseo, se me olvida que Claudio está afuera, que estamos en un evento de beneficencia, que el mundo detrás de esa puerta no comprendería nada de esto y seríamos juzgados.
Ellos no saben que él me rescató de su hermano, que me cuidó cuando creí que iba a morir, no saben que la forma en la que me mira calienta mi cuerpo y mi alma por igual.
Me separ