La noche había caído y Leonard no había vuelto a aparecer frente a nosotras. Los golpes en mi cara comenzaban a doler por el frío y Angie se había quedado dormida entre lágrimas desde hace una hora. Comencé a mirar detalladamente en el lugar con la esperanza de encontrar algo que nos sirviera para escapar, pero era inútil. Estábamos en manos del psicópata de mi primo y eso me daba bastante miedo.
Quise intentar dormir, pero la posición y el roce de las sogas en mis manos no me dejaban. Mi herma