Mundo ficciónIniciar sesiónAsomada en el balcón de la enorme casa de la señora miraba hacia abajo, donde un apuesto hombre me devolvía la mirada y sonreía hacia mí. Estaba tan apuesto como de costumbre.
Sonreí hacia él, mientras corría hacia la puerta.
Era toda una suerte que mi hermana hubiese salido a pasear con Pope, quién había vuelto de España.







