Mía duerme plácidamente en medio de sus dos guardianes: su padre y yo.
La sensación de tenerlos a los dos en mi cama es inexplicable, siento el corazón lleno de miles de emociones en estos momentos. Él tiene su mano sobre la mía, que está sobre la pequeña espalda de nuestra hija, mi hadita mágica, la cual sube y baja entre sus respiraciones acompasadas, tranquila, con su pequeña boquita roja en forma de corazón.
―Es idéntica a ti, perfectamente hermosa. ―Sonrío dulcemente, observándolo embobad