Me sentí invadida por una mezcla de excitación y miedo mientras me apoyaba en el soporte metálico.
Observé, con nerviosismo y anticipación, cómo Freddy se acercaba a una mesa en la esquina de la habitación y comenzaba a seleccionar diferentes herramientas.
Sin decir una palabra, eligió una fusta de cuero y, delicadamente, acarició mi espalda con ella.
- ¿Qué te parece si comenzamos con esto? - susurró Freddy con una voz seductora.
El primer golpe de la fusta contra mi piel fue un estallido de