capítulo 41: mirada acusatoria.
Salí de la elegante oficina de Daniel y deambulé por los impecables pasillos del hospital.
Aún recuerdo vívidamente el primer día que di mis primeros pasos en este recinto lleno de vida y esperanza. Fue entonces, en ese momento crucial de mi vida, cuando tomé la decisión de seguir mi verdadera pasión: la medicina. Le confesé a mi padre que el mundo empresarial no era para mí, que mi vocación estaba en ayudar a los demás, al igual que mi tío Maximiliano y mis primos.
Para mi sorpresa, mi familia