Capítulo 60. La Red se cierra
RANDALL
La partida de Bruce Paine de mi oficina dejó tras de sí el eco metálico de la amarga victoria que acababa de asegurar. Me quedé un momento en silencio, observando a través del ventanal cómo el cielo de Londres se teñía de un gris plomo, reflejando la frialdad de mis propios pensamientos. Sabía que su cooperación no nacía de una súbita epifanía ética o de un deseo de redención; era el resultado de la fuerza implacable de la necesidad. Paine era un hombre inteligente, lo suficiente como p