Capítulo 15. Noche de Urgencias
ANNA
La soledad de mi nuevo departamento en Paddington se sentía, hasta hace unas horas, como un refugio necesario. Sin embargo, el silencio de las paredes color crema pronto se volvió opresivo cuando la primera señal de alarma recorrió mi cuerpo. Una punzada sorda en el bajo vientre fue la advertencia inicial, una ola traicionera que, en la quietud absoluta de la madrugada londinense, creció con una velocidad alarmante. Lo que empezó como una molestia sutil se transformó, en cuestión de minuto