66. Lo único que nos queda
El motor del auto ruge suavemente mientras avanza por la carretera, mis manos se aprietan firmes en el volante, aunque el nudo en mi pecho me hace sentir como si apenas pudiera respirar. A mi lado, Jesan esta sentada en el asiento del copiloto con el rostro vuelto hacia la ventana y sus ojos fijos en el paisaje que pasa rápidamente. Parece absorta en sus pensamientos, pero sé que ella está tan consciente de mi presencia como yo lo estoy de la de ella.
El silencio entre nosotros es pesado, cas