El silencio que siguió a los votos fue casi reverente. Los invitados miraban a la pareja con los ojos llenos de emoción, sabiendo que habían presenciado algo verdaderamente especial. El oficiante, con una sonrisa afectuosa, los miró y asintió antes de continuar.
—Luciana y Alejandro, hoy se han prometido amor eterno frente a sus seres queridos, y es un honor para mí declarar que, a partir de este momento, están unidos como marido y mujer. Alejandro, puedes besar a la novia.
Alejandro, sonriendo