Luciana asintió, aunque Alejandro pudo notar un leve temblor en sus manos. Ella era valiente, pero no era inmune al miedo, y eso le hizo amarla aún más. Sin embargo, antes de que pudieran decir algo más, el sonido del teléfono de Luciana los interrumpió.
Luciana miró la pantalla y su expresión cambió al instante. Era una llamada desconocida, pero había algo inquietante en la forma en que el nombre apareció. Sin dudar, contestó y puso el teléfono en altavoz.
—¿Luciana? —la voz al otro lado era á