Luciana estaba en la sala, furiosa, su rostro crispado por la rabia. La mansión estaba en un silencio inquietante, solo el sonido distante del viento que golpeaba las ventanas acompañaba el tenso ambiente. Tomás caminaba por el pasillo principal hasta llegar al despacho de Alejandro, sus pasos resonando en el mármol.
Cuando Tomás se asomó por la puerta entreabierta del despacho, Luciana lo vio y explotó en ira. Se acercó rápidamente, con los ojos encendidos de furia.
—¡Lárgate de aquí, Tomás! —