Alejandro detuvo la camioneta en un claro al costado del camino. El motor dejó de rugir, y el silencio del bosque volvió a envolverlos. Se giró hacia ella, su mirada profunda, como si estuviera evaluando cada palabra que iba a decir.
—Luciana, lo que siento por ti va más allá de lo que puedas imaginar —dijo finalmente, con una seriedad que le hizo estremecer—. No quiero perderte, y tampoco quiero que te veas envuelta en algo que pueda hacerte daño. Pero si de verdad quieres estar a mi lado en t