90. Voy a encontrarte.
Subo a un taxi y le doy una dirección al azar, solo para poner distancia. Mientras el coche arranca, mi celular vibra en mi bolso. Lo saco y, al ver el nombre en la pantalla, no sé si reír o llorar.
Es Vicente.
¿Respondo? Si lo hago, sé que la conversación será una batalla psicológica, con más riesgos que recompensas. Pero si no lo hago… bueno, tal vez sea aún peor.
—¿Valeria? —su voz suena, baja, cargada de rabia contenida cuando respondo. Es como estar frente a un volcán a punto de estallar.