57. Que desaparezcan.
Me siento junto a la ventana, observando la ciudad con una calma inusual. Rodrigo está a punto de ser arrestado, sus hombres lo traicionarán uno por uno, y cuando el polvo se asiente, yo seré la única que quedará en pie. Mi plan ha funcionado a la perfección.
El sonido de sirenas a lo lejos es casi musical. El final de Rodrigo ha llegado, y no puedo evitar sentir una satisfacción profunda al pensar en cómo todo ha salido según lo planeado.
—¿Y ahora qué? —pregunta Luis, encendiendo otro cigarri