Quedé tirado sobre el suelo, segundos después el hombre de seguridad corrió y me ayudó a levantarme.
—Jefe, ¿quiere que lo lleve a su clínica? —Me preguntó al ver que yo sostengo mi cabeza aguantando un fuerte dolor.
—No es necesario. Solo ayúdame a llegar al sofá. —Pedí.
—La señorita Brenda lo está esperando desde hace rato y ya está desesperada, ¿qué le digo? Ah, otra cosa, no espere a que yo le llame, señora a ella, la única a quien le debo respeto es a su esposa legítima, la señora Raquel.