25. Herida oculta
Camila
«Mamá, despierta. ¿No trabajas hoy?».
Esa suave voz me hizo cosquillas en los oídos. Mis párpados se movieron lentamente, adaptándose a la luz de la mañana. Cuando recuperé la vista, apareció el rostro de Mateo, lleno de entusiasmo, con las mejillas ligeramente enrojecidas por haberse duchado hacía poco. Su albornoz le quedaba demasiado grande, lo que le daba el aspecto de un gatito que acababa de despertarse.
—Buenos días, mamá —dijo con una gran sonrisa—. Vamos a desayunar. Lo he prepar