El tiempo continuó avanzando con esa misma suavidad que ya se había vuelto familiar para ambos.
No había prisa.
Ni urgencia.
Ni una necesidad constante de redefinir lo que estaban viviendo.
Y, sin embargo, algo seguía transformándose.
---
En la ciudad costera, el invierno alcanzó su punto más frío.
Las mañanas eran silenciosas, casi detenidas.
El mar, aunque aún imponente, parecía más contenido, como si guardara su energía para otro momento.
Camila comenzó a levantarse más temprano.
No por obli