La semana siguiente avanzó con una cadencia tranquila, casi cuidadosa, como si ambos estuvieran aprendiendo a caminar sobre un terreno nuevo sin querer marcarlo demasiado pronto. Gavin retomó su rutina en el despacho, pero algo en su manera de trabajar había cambiado. Ya no llevaba la tensión a casa, ni usaba el silencio como una forma de procesar lo que no sabía decir. Cuando algo lo inquietaba, lo nombraba, aunque fuera de manera torpe.
Camila lo notó una noche, mientras cenaban.
—Hoy estás d