Capítulo 28 Susurro.
Felipe se lanzó a su cama, como cuando era un niño y los truenos y rayos lo asustaban, cubrió su cabeza con las mantas, cerro sus ojos con fuerza, pero esta vez en lugar de pensar que estaba con todos sus hermanos unidos en un gran y protector abrazo, solo recordó el beso que Carlos le había dado, solo un roce de labios que despertaron decenas de mariposas en su estómago, que remplazaron sus lágrimas por una sonrisa estúpida y su palidez fue remplazada por un sonrojo que le hacía sentir calor