La lluvia caía suavemente sobre las ventanas del penthouse. Detrás del cristal empañado, las luces de la ciudad brillaban tenuemente, como reacias a perturbar el silencio que pendía en el interior. Laura estaba sentada sola en el sofá, con un suéter delgado gris y abrazando un pequeño cojín. En su regazo, un álbum de fotos estaba abierto. Lo había encontrado por casualidad mientras limpiaba un cajón inferior, un álbum que se suponía debía haber tirado, pero que, por alguna razón, aún permanecía