-Cálmate Andrea, a lo mejor no fue nada grave –me decía a mí misma para tranquilizar mis piernas que no dejaban de moverse por mi desespero.
La sala de espera estaba tranquila, pocas personas desplazándose de un lado hacia el otro, los vellos de mis brazos se erizaban causado por el frio inmenso del aire acondicionado. La chaqueta que me pudo haber calentado reposaba en el closet cuando más la necesitaba, olvidé tomarla por lo rápido que salí, solo una pequeña manta cubría a David, él dormía r