El otoño en Nueva York era una explosión de fuego. Hojas rojas y doradas tapizaban las calles del Upper West Side. Alexander caminaba junto a Olivia, con Emma entre ellos, saltando en los charcos de luz. La niña llevaba botas de agua amarillas y recogía "hojas mágicas" para un proyecto del colegio.
Era un domingo perfecto. Tranquilo. Ordinario. El tipo de día que Alexander, no hacía mucho, ni siquiera sabía que existía.
Los últimos meses habían sido de una estabilidad milagrosa. Sebastian estab