La oficina del CEO olía a triunfo recién estrenado.
Charles Vance se acomodó en el sillón de cuero que había sido de su hermano, luego de su sobrino. Lo había hecho girar ligeramente, cambiando el ángulo. Un gesto pequeño, pero simbólico. Esto ya no era el territorio de Alexander. Era el suyo.
Desde el piso cincuenta, la ciudad se extendía como un botín. Charles sonrió. Había esperado décadas para esta vista. Para este silencio. Para este poder absoluto.
—La junta estará lista para la ratificac