Las maletas llegaron minutos después, como si el personal del hotel estuviera esperando detrás de la puerta para asegurarse de que no cambiaran de opinión. Dos maletas elegantes, una negra (de Alexander), una gris (de Olivia), fueron colocadas junto a la puerta del dormitorio como dos testigos silenciosos de lo absurdo de la situación.
Olivia se quedó junto a la ventana, fingiendo interés en la vista del Duomo mientras el botones salía con una inclinación de cabeza y la promesa de que "si neces