La madrastra de Lisandro, Tania, hizo que nos dieran una habitación especial para que él y yo pudiéramos dormir juntos si lo deseábamos y a la vez que los niños no se dieran cuenta. De solo pensarlo me siento avergonzada. No puedo creer que lograra preparar los dormitorios tan rápido, no estuvimos mucho en la oficina esa.
—Tu familia es… —digo y me detengo.
—Lo sé. Es distinta a cualquier otra —responde y me abraza—. Disculpa a Clara, tiene periodos en los que se comporta como una niña mimada.