—Regresaste —dice la niña y abraza a mi padre.
—Debía arreglar algo. Gracias por cuidar de él —responde papá.
—¿Le dijiste a mamá que la amo como te lo pedí? —pregunta la niña de no más de doce o trece años. Mi padre le dice que sí, que Tania sabe cuánto la ama y que le agradece por todo.
—Papá, ¿qué es todo esto? —pregunto, y siento un extraño calor en mi pecho, aunque el sitio donde estamos parece fresco.
—Li, es hora de que vuelvas —dice mi padre, regresando a donde yo me encuentro y tomando