Tenzin traga saliva. Su corazón palpita como si corriera una maratón. Solo la mira.
El mundo exterior —el ron, la fiesta, la botella girando, la cama donde se habían tumbado— todo parecía desvanecerse en una neblina cálida. Lo único que existía era Suzy.
Ella estaba justo frente a él, respirando rápido, con las mejillas encendidas, los labios entreabiertos y una mirada cargada de ternura y deseo.
—Vas a volverme loco.
—Entonces vuélvete loco por mí —susurra.
Y Tenzin lo hizo.
Volví a besarla. E