El eco de lo no dicho y el peso del tiempo entre ellos.
El tiempo pasó, aunque Keila no supiera muy bien cómo.
Los días se volvieron una rutina sin sobresaltos, y las semanas una sucesión de mañanas parecidas. Las conversaciones con Sol, las compras en el supermercado, las caminatas cortas por las calles del pueblo… Todo parecía moverse en cámara lenta, como si el mundo avanzara sin ella.
Con David, el silencio se volvió la norma.
Si alguna vez se cruzaban en el supermercado, él giraba la mirada