El amanecer teñía el cielo de un suave tono anaranjado, pero en el interior de la mansión, las sombras permanecían impenetrables. El eco del enfrentamiento resonaba por los pasillos vacíos, mezclándose con el silencio inquietante. Elise no había terminado su batalla. Estaba más determinada que nunca a tomar lo que, en su mente, le pertenecía: el control del clan y la destrucción de Clara.
Clara, aún bajo el choque de lo que acababa de presenciar, se aferró a la mano de Lucien, sintiendo cómo su