La mansión de Lucien parecía sumida en una atmósfera tensa, donde las sombras que normalmente se extendían por los pasillos parecían estar más densas que nunca. Clara y Lucien se encontraban en un punto de inflexión: el enfrentamiento con Cyprian era inevitable, y las piezas del tablero de guerra se movían con rapidez. Sin embargo, lo que ninguno de los dos esperaba era que la amenaza no solo venía de Cyprian, sino de alguien mucho más cercano.
El primer indicio de que algo no estaba bien llegó