El amanecer apenas despuntaba, pero la mansión de Lucien estaba sumida en un silencio cargado de desesperación. Clara, con las manos temblorosas, no se apartaba del cuerpo inmóvil de Lucien. Sus dedos trazaban el contorno de su rostro con una mezcla de angustia y esperanza. Sabía que la naturaleza inmortal de Lucien le daba ventaja sobre la muerte, pero el veneno que corría por sus venas era diferente. Él, un vampiro poderoso, yacía débil, sin apenas respirar. Cada segundo que pasaba, Clara sen