Habían pasado varias semanas desde la victoria sobre Darius, y el clan de Lucien comenzaba a retomar una semblanza de normalidad. La mansión, siempre vibrante con la energía de sus habitantes, ahora era un lugar de relativa paz. Los vampiros del clan se concentraban en restaurar el equilibrio y la seguridad que habían perdido durante los enfrentamientos.
Lucien, aunque su carga como líder no había disminuido, parecía más en control que nunca. Se había ganado el respeto y la lealtad absoluta de