El aire aún olía a hierro y pólvora cuando los últimos ecos de la batalla comenzaron a desvanecerse. Los cuerpos de los renegados yacían dispersos por el campo de batalla, sus miradas vacías reflejando la derrota. Lucien observaba la escena con una mezcla de satisfacción y tristeza, sabiendo que cada victoria venía con un costo. Las luces de la luna se reflejaban en el suelo empapado, iluminando la carnicería que había tenido lugar en la oscuridad.
Clara se mantuvo a su lado, su mano aún aferra