El amanecer se había convertido en un presagio sombrío para la mansión de Lucien. Aunque la victoria era innegable, los ecos de la batalla aún resonaban en los pasillos. El aire estaba cargado de un silencio inquietante, interrumpido solo por murmullos de los vampiros que sobrevivieron al ataque y se movían en las sombras, como si el peso de la traición hubiera dejado una marca indeleble en sus almas inmortales.
Clara caminaba entre los restos del conflicto, con la mente en un torbellino de pen